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TRIALERAS |
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Son la salsa del enduro. Requieren de una buena puesta a punto, por parte de la moto. De inteligencia, técnica y buena forma física por parte del piloto.
En la trialera es donde se pone en evidencia, con más trascendencia, la habilidad del piloto para compensar, con rapidez, desequilibrios, mediante movimientos de su cuerpo sobre la moto, y para hacer del embrague, el gas, las marchas y el freno, que son los elementos de la orquesta, una sinfonía. Estamos hablando de arte.
En el capítulo de “ maniobras básicas ”, ya hemos analizado la técnica para superar diferentes obstáculos. Aquí vamos a vamos a comentar como enfocamos una trialera.
Las trialera es una negociación continuada de obstáculos, en los que cada caída o parada involuntaria del motor, puede tener un alto precio de desgaste físico. Las claves para el éxito están antes del propio obstáculo: elección de la trazada, equilibrio, decisión e inercia.
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Elección de la trazada.
Hay que tener rapidez mental, para analizar las dificultades que se avecinan y de sus alternativas (Fig. 5, 6 y 7). En caso de que no se tenga claro, es mejor parar y valorarlas con detenimiento. Observar la dificultad que ha tendido nuestro compañero y sacar conclusiones.
Si existe alternativa en la trazada, hay que decidirse por la que tenga menos posibilidades de quedarse atascado. Pero cuidado, porque la trialera es engañosa. Por ejemplo, una estrecha vereda que rodea un escalón de piedra, puede que tenga un giro que nos haga perder inercia y, tras rodear a la roca, encontrarnos con fuerte desnivel pedregoso que nos atrapa. Con frecuencia, lo aparentemente más difícil, es lo más fácil, y viceversa. Siempre que sea posible, hay que elegir las trazadas rectas, que proporcionan un mayor control de la moto. Puede que un descenso muy pronunciado no tenga otra dificultad que la psicológica, y el coste físico de rodearlo, puede ser muy alto.
El estado del terreno es crucial para la adherencia de las ruedas. Una roca seca, que no tiene ninguna dificultad, puede convertirse en algo insalvable si está mojada o con barro. Hay que percatarse de ello, para elegir la alternativa. La subida por la ladera de un monte, aparentemente con poca pendiente en la distancia, puede tener matorral alto, que esconde escalones continuados que terminan por desequilibrar la moto y atrapar, finalmente, al piloto.
En definitiva, una labor continuada de observación, análisis y toma de decisiones.
En los siguientes apartados, hablaremos algo más sobre la trazada.
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Equilibrio.
Llegar al obstáculo equilibrados, es un factor determinante en el éxito de la maniobra. Proporciona al piloto la condición ideal para aplicar las ayudas y compensaciones que va a necesitar para superarlo. La consecuencia es que, hay que elegir la trazada que nos permita llegar al obstáculo equilibrados. Aquí, como en el ajedrez, hay que pensar con varias jugadas de anticipación. Puede ser que una trazada sea la ideal para superar un problema, pero si la salida nos coloca en una posición muy desfavorable para encarar el siguiente obstáculo, hay que buscar alternativas. A veces hay que elegir una entrada más complicada, para tener una salida con más garantías.
El pie de apoyo, debe de ser una maniobra instantánea y rápida. Lo justo para recuperar el equilibrio, sin perder la inercia, y con el objetivo de encarar el próximo obstáculo en condiciones favorables (Fig. 3).
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Fig. 1: El equilibrio no ha acompañado a la inercia, probablemente por una inadecuada posición sobre la moto. |
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Decisión.
Como en todas las circunstancias del enduro, una vez que se hace una elección sobre lo que vamos a hacer, para superar un problema, hay que tener fe en ella y ponerla en práctica con decisión. Si la programación de la maniobra ha sido la correcta, lo único que la puede hacer fracasar, es la duda y falta de confianza en nosotros mismos. Nuestra mente no estará con la concentración necesaria y, los reflejos, vacilarán en dispararse en el momento crítico.
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Fig. 2: Tener fé en la maniobra que se ha proyectado, es fundamental para el éxito. |
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Inercia.
Elemento esencial para el éxito: tener inercia antes de llegar al obstáculo. Es la fuerza que va hacer que lo superemos. Llegar al escalón con poca inercia, es sinónimo de quedarnos en él, por más gas que apliquemos en ese momento, como vimos en el capítulo de “ maniobras básicas”.
La inercia, debe de ser la justa para superar el problema. Si es excesiva, contribuirá al desequilibrio que nos provoca el obstáculo. Pero si son varios seguidos, hay que pensar en la inercia que va a necesitar el último, para asegurar una reserva después de la inercia perdida en los primeros (Fig. 6).
La inercia que necesitamos condiciona la trazada. A veces, un obstáculo relativamente fácil, está situado de forma que no nos permite coger inercia para superarlo, lo que obliga a escoger otra alternativa, más difícil, pero con más posibilidad de éxito.
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| Fig. 3: El pie de apoyo no debe de ser consecuencia de la pérdida de inercia de la moto. |
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Fig. 4: Conbinación perfecta de trazada, golpes de gas entrecortados, freno y equilibrio. |
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Fig. 5: El piloto falla en la primera maniobra: La elección de la trazada, que le impide todas las demás ayudas. |
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Fig. 6: La consecuencia de un golpe de gas insuficiente y tardío, para superar el surco en la mitad del obstáculo, la recoge a la salida. |
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La moto en la trialera.
Si la moto no está en su punto óptimo de rendimiento mecánico, dificultará mucho las maniobras del piloto, y lo hará fracasar, por más depurada que sea su técnica.
El motor debe de ir fino, para que tenga respuestas limpias y rápidas a los requerimientos del gas. Por tanto, un buen reglaje de la carburación es esencial. Incluido el cambio de chiclés, si la altitud en que nos encontramos, respecto al nivel del mar, así lo requiere.
Las suspensiones deben de funcionar bien, en todo su recorrido, y estar bien equilibradas entre sí. Conviene cerciorarse, antes de la salida, de que la horquilla no haya generado aíre, ya que las endurece y, lo que conviene aquí, son unas amortiguaciones blandas.
Lo ideal es disminuir un poco la presión de los neumáticos, para que aumenten la superficie de contacto y agarren mejor, en especial si en la trialera hay barro. Pero hay que tener en consideración lo que se va a hacer en el conjunto de la jornada, en especial si no se tiene posibilidad de volver al inflarlos a su presión habitual.
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Programar el aprendizaje.
El principiante, debe de iniciarse con trialeras muy fáciles (que seguro que para él serán difíciles). Con el paso de los meses o años, conforme se va adquiriendo técnica y el cuerpo vaya aplicando, de manera correcta, las órdenes que le da el cerebro, se puede ir abordando mayores dificultades.
En los caminos, es sencillo ir a un ritmo acorde con el límite técnico de cada uno. Pero una trialera no lo permite. Si no sabes, te atrapa y te agota físicamente. No perdona. Lo que es motivo de disfrute y alegría, lo convierte en un calvario (Fig. 7).
Me acuerdo de una expedición que hice, con un amigo, hace 25 años, a Sierra Nevada. Con ayuda de brújula y mapas topográficos, programamos atacar la sierra desde Jerez del Marquesado. Había que subir por monte virgen, hasta un collado: el Puerto de Trevelez, continuar por la cuerda de la montaña, pasar por el Peñón de los Muertos y descender, al otro lado, hasta Trevelez.
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Fig. 7a y 7b: Hay que saber donde nos metemos con la moto, si no se quiere terminar agotado, física y moralmente. |
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Mi amigo no tenía el nivel técnico que requería la empresa. La sierra empezó pronto a pasarle factura, con caídas continuadas. Observé que, cada vez, tenía menos fuerza para accionar la palanca de arranque. Tuve que empezar a pasarle la moto por los sitios más complicados, lo que terminó por hacer mella también en mi condición física. La vista de los ventisqueros de nieve, era esplendida, pero se estaba haciendo de noche y aún quedaba mucho recorrido desconocido. No íbamos preparados para pasar, a la intemperie, una gélida noche de alta montaña. Empecé a preocuparme. En una última caída, mi amigo partió la palanca de cambio. No llevábamos repuesto. Agotado, moralmente deshecho y, por qué no decirlo, con miedo de quedar atrapado en la montaña, mi amigo decidió abandonar la moto y salir de allí por pies, antes de que la oscuridad nos cegara. Conseguimos llegar al pueblo, pero mi amigo quedó tan traumatizado por la experiencia, que decidió volverse a Murcia y abandonar, definitivamente, la moto en la montaña.
Tres días más tarde, cuando ya me encontraba recuperado del esfuerzo, volví a la montaña, siguiendo un recorrido inverso. Después de tres horas de ascensión a pié, encontré la moto de mi amigo tal como la habíamos dejado, recostada sobre un pedregal. Me dio la impresión, de que la moto me sonreía con sarcasmo… La pude bajar de la montaña sin dificultad. No hay nada como estar descansado. Y con las dos motos en el remolque, regresé a Murcia.
Esa primera expedición a Sierra Nevada, inició la exploración de la ruta y fue el comienzo de una serie de travesías que, una vez al año, hacíamos el grupo endurero murciano. Se convirtió en un reto, que esperábamos con ilusión, todos los otoños…. Pero también fue una magnífica lección.
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Fig. 4: Sierra Nevada (Granada) |
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